¿Qué será de la vida de Quiñónez? Se preguntaban muchos. Y Romel Quiñónez volvió a aparecer como por arte magia porque tiene intenciones de volver a jugar al fútbol. Dejó atrás su San José de Chiquitos natal para regresar a la gran ciudad e iniciar la operación retorno. En su horizonte aparece Blooming.

No quiere hablar, prefiere recuperar el tiempo perdido, ponerse a punto para volver a jugar, ser el que un día fue, lo que le valió adueñarse del arco de Bolívar y de la selección nacional, siendo un muchachito de veinte años. Pretende dejar de ser “el gordito del arco” para convertirse en el “señor arquero” que mucha gente cree que es.

Por el momento, elude los medios como un escurridizo volante, prefiere trabajar a fondo en la parte física para perder el exceso de peso que lo persigue como una pesadilla, y, después, expresarse desde el arco, que es donde mejor se desempeña.

Quiñónez quiere darles la razón a aquellos que consideran que tiene mucho para dar porque tiene 28 años, edad de plena madurez en el puesto de arquero, con cinco títulos logrados en Bolívar, y el hecho de haber defendido dos arcos que parecen más grandes por la exigencia que hay en equipos grandes.

Hace meses que se sabe muy poco de él. Lo último fue que The Strongest hizo un intento por llevarlo pero se desanimó por la inactividad del josesano, que estuvo todo el año 2020 alejado de las canchas, por la pandemia y porque estaba sin equipo.

También se habló del interés de Blooming. Esta posibilidad cobró fuerza en los últimos días después de haberse diluido un poco. Todo indica que el futuro de Quiñónez está en la academia cruceña. Por eso volvió a entrenar.

De pronto volvió a escena porque el preparador de arqueros Nery Quintana, publicó fotos de Quiñónez entrenando intensamente en una de las tantas áreas verdes que tiene Santa Cruz.

“Él va a volver como antes. Tuvo problemas familiares que le generaron ansiedad y estrés, se descuidó, incluso estaba decidido a abandonar el fútbol, pero eso ya pasó. Lo busqué y lo convencí para se ponga bien. Es el sustento de su familia, tiene un hijo de tres años (Bruno), una esposa, tiene que seguir adelante, con las condiciones que tiene”, sostiene Nery en contacto con DIEZ.

Incluso, está decidido a seguir una dieta estricta, a dejar de “comer lindo” para perder los más de diez kilos de exceso, que lo llevaron a superar los dos dígitos, y que fueron objeto de críticas y burlas permanentes, tanto de los hinchas albiverdes como de los contrarios, y blanco favorito de los famosos memes.

“Bajó tres kilos en cuatro días y nueve en veinticinco, trabaja en tres turnos, de 10 a 12 realizamos una labor de entrenamiento con distintos ejercicios, después trabajo cardiovascular en el parque urbano y luego tareas específica de arquero; además de una dieta rígida”, agrega Quintana.

El conocido entrenador de arqueros, quien se define como “un hermano o papá”, del arquero, oficia de una especie de ventrílocuo, se expresa por él, y sostiene que Quiñónez es consciente de que solo depende de sí mismo, de nadie más.

Ambos dejaron Oriente Petrolero por causa de los problemas del arquero. El club le bajó el pulgar al entrenador porque Quiñónez no estaba bien físicamente, ni mejoraba en ese aspecto. Los dos rescindieron contrato.

“Siempre sucede eso, cuando ven a alguien que no está bien físicamente, empiezan las versiones, es inevitable”, sostiene el entrenador, aunque reconoce que uno de los problemas del arquero es que “le gusta comer lindo como a cualquiera”.

Después Quiñónez perdió el puesto por no estar en buenas condiciones y además se lesionó de la muñeca. Hasta que en enero de 2020 llegó a un acuerdo para romper el vínculo pese a que le quedaban dos años más de contrato.

Además, tuvo poca fortuna en algunos clásicos con Blooming. Pese a tener un buen desempeño, le hicieron goles que pasaron a formar parte de la antología de esos duelos, como el gol olímpico de Paúl Arano.

Pero el entrenador rescata las condiciones innatas del arquero de 28 años, que desbancó a arquero de mucha más trayectoria y experiencia cuando empezaba a atajar en el fútbol profesional. Desbancó al argentino Argüello en Bolívar y se adueñó del arco de la selección boliviana.

“Gordito y medio descuidado, fue figura contra Haití, cuando retornó a la selección”, recuerda el preparador de arqueros, haciendo referencia al partido amistoso que se jugó el 15 de octubre de 2019, en Santa Cruz, y que favoreció al cuadro nacional por 3 a 1.

Quintana aclara que Quiñónez está dispuesto a hacer el sacrificio que se necesita para bajar de peso, entrenar bien, acabar con los rumores de indisciplina que de tanto en tanto lo tienen como protagonista por no llevar una vida de un verdadero profesional, que se entrena, alimenta y descansa pensando en su mejor rendimiento.

“Está bien cuidado por la familia; su esposa es quien le cocina de acuerdo a la dieta que está siguiendo, y está entrenando muy fuerte todos los días. Además está Bruno, su hijo de tres años, por quien quiere volver a recuperar su lugar”, manifiesta Quintana.

Casualmente, hoy Blooming y Quiñónez se necesitan. La academia lo espera con las puertas abiertas porque requiere urgente alguien que le brinde garantías en el arco, y Romel necesita de esa posibilidad para recuperar el sitial que hace casi una década se ganó siendo un desconocido veinteañero.

También le hablaron hace poco de la selección nacional, preguntando cómo estaba, y el hecho que no se olviden de él, lo ilusiona. “Hay que ir de a poco, paso a paso”, dice Quintana en nombre de Quiñónez.

Apareció y se pone a punto para volver. El fútbol siempre otorga revancha. Esta puede ser la de él.

Por Taxi Noticias

Diseñador y Administrador de Noticias en la Web

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