Probablemente no sea tan melodiosa como aquella “Vientos de cambio” que se volvió el himno de la caída del Muro de Berlín. Tal vez no llegue a ser entonada contra otras dictaduras de diversa laya como lo fueron “Para el pueblo lo que es del pueblo” o “El pueblo unido jamás será vencido”. Posiblemente, no tenga un estribillo tan asimilable como el “Give Peace a Change”, que agitó las protestas anti guerra de Vietnam. Pero cobra creciente fama y más de un análisis asegura que ya es parte de esa implícita antología de canciones de protesta. 

Es “Patria y vida”, la canción de rap que incomoda a la dictadura cubana. Lo sorpresivo resulta que le marca un contrapunto a un régimen habituado durante décadas a respaldar su doctrina con estribillos y canciones de protesta. Es más, el “Patria y vida” confronta el conocido y exportado emblema castrista de “Patria o muerte”, y en tiempos de redes sociales se hace viral. 

A casi seis décadas exactas de que Fidel Castro declarase a la isla como un país socialista (el 16 de abril de 1961), un grupo de músicos se atrevió a insultar el logo oficial y el Gobierno de Cuba. La normalmente hábil censura gubernamental no logró detener la difusión digital de la canción. Todo empezó el martes 16 de febrero, cuando los artistas publicaron en varias plataformas la canción.

Composición clandestina

Fue un estilo de composición e interpretación propios de este siglo. Los raperos cubanos Maykel Osorbo y El Funky, quienes viven en la isla, y grupos como Gente de Zona, que radican fuera de Cuba, complementaron talentos. El estribillo pegajoso “Se acabó”, que alude al final del régimen, alterna con expresiones como “Ya no gritemos ‘Patria o muerte’, sino ‘Patria y vida’”.

En coincidencia con las historias de otras célebres canciones de protesta, algunos de sus compositores relataron cómo el trabajo tuvo que realizare a salto de mata e improvisación de recursos. La fuerza del tema en sí es potenciada esta vez por un trabajo de video de marcada carga simbólica. 

“Patria y vida” empieza, por ejemplo, con la quema de un dibujo del héroe cubano José Martí, como si fuese la cobertura de un billete de dólar con la cara de George Washington. También presenta imágenes de represión de la policía contra el movimiento disidente de jóvenes San Isidro. Luego, surgen imágenes de artistas y activistas que han sido detenidos por el Gobierno en años recientes. Y cada imagen resulta acompañada por versos que la aluden.

En menos de dos semanas, la canción sumó casi 2,7 millones de reproducciones en YouTube, pero además fue reproducida por decenas de sitios en diversos países. Esta vez, el Gobierno cubano no optó por intentar la muerte de la afrenta musical en base a la indiferencia pública y la represión subrepticia. La condena a “Patria y vida” sumó a diversas publicaciones, al diario oficial Granma y varios de sus columnistas. Incluso, cuatro días después de que la nueva canción recorriese las redes, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, usó su cuenta en Twitter para defender el más conocido lema del castrismo: “Quisieron borrar nuestra consigna y Cuba la viralizó en redes”.

Eso sí la represión actuó contra quienes empezaron a identificarse con la canción. Según varias denuncias, fuerzas del orden visitaron casas e impusieron cierres de conexiones de internet a diversos artistas y activistas que habían escrito en sus obras o sitios cibernéticos el nombre de la canción. 

Con todo, corren los debates sobre si “Patria y vida” perdurará en el tiempo y será repetida a viva voz por las masas. Algo que con menos tensiones logró “Wind of Change” (Vientos de cambio) del grupo de rock alemán Scorpions, que terminó siendo himno de la caída del muro de Berlín hace 30 años. 

El grupo no imaginó que su canción alcanzaría semejante éxito, pero cuando los músicos tocaron en 1988 y 1989 en la Unión Soviética ya presintieron esos “vientos de cambio”. La canción empezó a ser compuesta cuando Scorpions se presentó en el Festival por la Paz, realizado en Moscú. Pese a ser la canción por excelencia de la caída del muro, “Winds of Change” no habla del histórico acontecimiento que tuvo lugar la noche del 9 de noviembre de 1989. Fue concebida antes de que se abrieran los pasos entre las dos mitades de Berlín y solo se convirtió en el “himno” con la salida del álbum “Crazy World” (1990) y  dicho sencillo (1991).

Dos canciones de exportación

Mucho más agitada resultó para los miembros del grupo Quilapayun la canción “El pueblo unido jamás será vencido”, con su ritmo de marcha y mensaje de unidad. Ha trascendido fronteras y se la ha entonado tanto contra regímenes de derecha como de izquierda. Fue estrenada apenas tres meses antes de septiembre de 1973, cuando el gobierno del izquierdista Salvador Allende sucumbió ante el feroz golpe de Estado liderado por Augusto Pinochet. Aquel debut se produjo durante un masivo concierto en la Alameda de Santiago, cuando la Nueva Canción Chilena se había hecho parte activa de la izquierda política, en general, y el gobierno de Salvador Allende, en particular. Pero se ha dejado oír, tanto en las calles parisinas durante las movilizaciones de los chalecos amarillos, como en las protestas bolivianas contra el régimen de Evo Morales en 2019.

Los años 70 resultaron prolíficos en cuanto a dictaduras y, por lo tanto, en la respuesta de los artistas. Por ello, otra especie de himno de aquellos años con aún no prevista fecha de caducidad es la canción “Para el pueblo lo que es del pueblo”, del cuarto álbum solista del músico argentino Piero. Fue publicado en 1974, plasmando en sus canciones la realidad de su país, marcado por la violencia de Estado, la persecución política y las dictaduras militares. 

La canción “Para el pueblo lo que es del pueblo” fue grabada en vivo en el Teatro de Luz y Fuerza, en la ciudad de Buenos Aires. Por su alto contenido crítico hacia los gobiernos de facto, el álbum fue prohibido durante la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983. Piero, incluso, debió exiliarse para preservar su vida. El disco fue reeditado en 1983, tras el regreso de la democracia y en aquella década acompaño las caídas de diversas dictaduras en el continente.

“Alguna vez me contaron que un oficial puso ‘Para el pueblo lo que es del pueblo’, mientras bailaba a los colimbas (soldados), y les decía: ‘Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui… esos tienen que estar presos. Pero a esté: ¡acá!’, decía, y se ponía el dedo en medio de la frente”, recordó Piero en 2015, en declaraciones al diario La Voz del Interior. 

También ha mostrado recurrente vitalidad una composición realizada casi por esos años, pero con otro enfoque. En marzo del 69, John Lennon se casó con Yoko Ono en Ámsterdam y anunció de inmediato que se instalaría un tiempo con ella en una cama para “protestar contra todo el sufrimiento y la violencia en el mundo”, una alternativa lúdica a las estrategias más convencionales de los movimientos pacifistas que funcionó como un anzuelo eficaz para los medios de comunicación de todo el mundo.

Himno pacifista

La célebre pareja también inventó el “saquismo”, otra forma de manifestarse que postulaba que todos los que se sumaran usaran un saco para que tuvieran un mismo aspecto y fueran juzgados sólo por lo que dijeran y no por lo que parecieran. “Todo lo que queremos decir —le contó Lennon a la prensa en Viena— es que deben darle una oportunidad a la paz”. John y Yoko intentaron repetir la experiencia en Estados Unidos, pero como les negaron las visas para el ingreso, decidieron hacerlo en Canadá.

El último día de su “bed-in” canadiense presentó, con Timothy Leary como aliado, “Give Peace a Chance”, una canción que haría historia y sería interpretada por decenas de artistas (Aerosmith y su compañero Paul McCartney entre ellos) y en 1991, volvería al centro de la escena como eje de una protesta contra la Guerra del Golfo organizada por Yoko y en la que participaron, entre otras figuras, Peter Gabriel, Flea, Lenny Kravitz, Cindy Lauper, Tom Petty, Randy Newman e Iggy Pop.

Por ahora, y nadie sabe si por mucho tiempo y mucha fuerza, el estribillo político de moda, entre miles y miles de jóvenes críticos de la autocracia cubana es: “Se acabó, tú cinco nueve yo doble dos / Ya se acabó, sesenta años trancando el dominó…”. Quienes lo respaldan apuestan a que, como ha pasado con varias de las anteriores, la fuerza del verbo repetido cristalice en el cambio esperado.

Por Condori Luis Pedro

Diseñador y Administrador de Noticias en la Web

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