Óscar A. Olmedo

Los hombres hacen y activan la historia y la escriben, un tanto por intereses propios, egos sumergidos, ideologías sustentadas por siempre o, por circunstancias propias de su tiempo, que los envuelven de forma un tanto determinantes. Pero, también cada cierto tiempo, se intenta… reescribir la historia, porque las circunstancias, intereses, e ideologías, se mueven, se desplazan en su acontecer. Lo cierto es que hay dos tipos de sujetos que reescriben. Unos forzando la historia, intentando domarla y reducirla. Son los que se inclinan para retorcer la historia en beneficio de una supuesta Ideología Inmutable, de un Partido Político, del Gran Hermano (G. Orwell), del Estado Autoritario, Totalitario o, de aquella ajada Revolución, siempre irresuelta. Todos, quizá, pensando en seguir el “llamado del pueblo” y haciendo una historia oficial, pública, popular, la de las multitudes, la del hombre trivial. Otros en cambio, se verán presionados por reescribir aquello que se hace subrepticio, sibilino, simbiosis y sincretismo ante el Poder, es decir, lo que no hay que decir, lo que se dificulta de ser falseado y falsado por la impertérrita facticidad e inescrutable realidad que no disimula y que busca descubrirse tal cual es.

Escribir sobre el Estado y su deformación, el estatismo, ha conducido a realizar toda una retrospección histórico-genética del inicio imprevisto de su aparición como un endriago que se instala en el Estado Inca, se reproduce en la Colonia y se hace una mimesis en la República para luego emplazarse  en todo aquel ciclo que va del socialista-militar, su ampliación en el “estatismo de excepción” (dictaduras militares), y su debacle de 1982-1985, hasta la reemergencia y catastasis estatista de 2006. Esta mirada atrás será un relapso histórico del presente, puesto que servirá para comprender como el incario se contiene en lo (pre) incario, y ese incario a su vez sujetará y dominará la colonia, como en el devenir lo hará con un nuevo Estado (estatismo), no como regla, o ley evolutiva, acaso como hilo conductor, aunque rompiendo y perdiéndose por temporadas… apareciendo luego de improviso, como relapso histórico, queriendo repetir pautas de manera gregaria.

El estatismo es la génesis de la apropiación del excedente económico (desde la fase precapitalista), excedente que se produce desde un modelo económico extractivo-primario-exportador que irrumpe genealógicamente en el incario y se objetiva axiomáticamente en la colonia, de manera que este modelo es básicamente colonial. Paralelamente, el excedente construye un estatismo cleptocrático, a-meritocrático, que ignora la eficiencia microeconómica, que sólo infla el poder político, por eso el gasto público, eufemísticamente se acomodará en lo social, cuando en realidad se reproducirá en el poder político, nunca en lo económico-productivo. De ahí la importancia de su genealogía, y saber en que momento se produjo la idea del estado, del estatismo, que condiciones aleatorias se confundieron para su emergencia y para su actual aceptación e invocación como un deseo codiciado de su praxis de poder.

Estudios económicos, se asume —a decir del autor— como un studium: entendido como una comprensión e, ilustración, de formación abierta y constante, nunca terminada ni ocluida. Paralelamente, se intenta construir una variante a lo que seria una Historia Económica de Bolivia, sólo que se va más allá al ampliar el espacio no necesariamente empírico, sino fundamentalmente teórico. Es en este sentido que la investigación recorre interconexiones de hechos desde una perspectiva un tanto holística, adhiriéndose a un modelo de sistema económico, es decir, como: “fenómenos interrelacionados, que debe ser apreciado en su totalidad si se desea entender cualesquiera de sus artes… insertado en un contexto más amplio de la realidad social global”. Para su viabilidad, es necesario actuar activamente como sujeto epistemológico sobre el dato, a través de una previa teoría modeladora. Para el economista Hywell Jones: “Seguramente es mejor realizar la selección de los ‘hechos’ en base a teorías y supuestos explícitos y no subrepticios. Los ‘hechos’ por sí solos parecen una guía muy peligrosa… Se precisa un mínimo de hechos antes de que el proceso de elaboración de una teoría pueda incluso empezar. Además, es sensato contar con un conjunto relativamente pequeño de hechos aparentemente inequívocos que nos proporcionen un marco al que la teoría deba ajustarse. En este contexto, el profesor Kaldor ha propuesto un conjunto de hechos estilizados… hechos que son relevantes para el problema que se plantea…, sin someterse a la exactitud o la suficiencia históricas de los hechos, o las tendencias”.

Para lograr lo anterior, el autor utiliza tres instrumentos analíticos esenciales para sus estudios:

1. La Historia del pensamiento y análisis económico. Por un lado, de esta proviene el instrumental de las escuelas/corrientes/paradigmas económicos que acompañan y guían las diferentes propuestas económicas realizadas en Bolivia por los sujetos económicos y, por otro lado, a través de esos modelos, es que se convierten en un soporte teórico.  Para enfrentarse con aquellos hechos económicos, el autor recurre a convertirlos en factums estilizados (entendido como un conjunto de hechos/datos/acontecimientos soldados al pensamiento, pues unos hechos históricos sin pensamiento no son propiamente históricos, considerándolos al mismo tiempo, no aislados, sino en interrelación con otros hechos no propiamente símiles, también disímiles).

2. La Historia de la economía mundial. Es el fondo espacial de la economía mundial y de las relaciones del comercio internacional, en el que se visualizan perfectamente la demanda mundial y el precio internacional que se impone sobre la oferta de los otros países. Este fondo espacial, es el que se puede advertir gracias al uso de las teorías de comercio internacional, como en los ciclos económicos y sus tendencias, para contrastarlos con la evolución de la economía boliviana.

3. La Historia económica de Bolivia. Es el soporte empírico, informativo, el de los hechos y acontecimientos suministrados todos ellos, por los historiadores.

En definitiva, el libro, tratará de enfrentarse con el instrumental abstracto de los modelos y teorías económicas insertadas en el sistema económico desde lo (pre) republicano hasta la actualidad, intentando un justo equilibrio metodológico que no permita que una alta abstracción frente a una débil estructura empírica-histórica, implique un débil esclarecimiento, o viceversa, donde los datos abundantes se hagan caóticos y perturben el análisis teórico-explicativo.

Por Jesus

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