Entre junio y septiembre se realiza en Bolivia una serie de celebraciones basadas en tradiciones ancestrales, especialmente en el área andina. OH! conversó sobre el significado y vigencia de estas fiestas con el historiador aymara Pedro Callisaya Hinojosa. ¿Cómo se celebraban las fiestas del solsticio de invierno y San Juan? quédese para conocerlo.

– ¿Qué reminiscencias de la religiosidad andina quedan en las celebraciones del solsticio de invierno?

– La celebración ancestral del solsticio, cada 21 de junio, persistió a lo largo de los siglos, especialmente en el lado peruano, en el Cusco. Se mantuvieron junto al solsticio, también la festividad de las coyas. El historiador Waldemar Espinoza muestra cómo el Inti Raymi (fiesta del Sol) se ha realizado cada solsticio con gran devoción y efervescencia social. En el lado boliviano se habían ido perdiendo esas tradiciones. Pero, hace ya más de un siglo, al ver lo que sucedía en Perú, se las fue recuperando.

Fue un proceso iniciado en 1900 por corrientes indigenistas que empezaron a valorar las tradiciones culturales ancestrales para reavivarlas. Allí jugaron roles muy importantes, por ejemplo, Arturo Posnansky, Rafael Reyeros y varios otros. Realizaron trabajos en equipos e investigaron profundamente aquellas tradiciones y las recuperaron. Paralelamente, otro brazo, ya proveniente de mundo indígena persistió con sus tradiciones, pero arraigadas en sus luchas políticas y sociales. Son los casos de Luciano Villca, Pablo Zárate Villca y Leandro Ninaquispe, entre otros.

Ellos se hallaban más inmersos en sus luchas reivindicativas. Sin embargo, décadas más tarde, sí, el mundo indígena también ingresó en la búsqueda del enfoque originario de lo que es la cultura ancestral.   

– ¿Y cómo se ha practicado la ritualidad? Porque hay notables elementos y prácticas relacionados con la coca, los sahumerios, las ceremonias de buenos augurios, etc. ¿Cómo es íntimamente el hombre andino es su aspecto espiritual?

– El hombre andino tiende a ser supersticioso. Si algo malo le ocurre o presiente algo, necesariamente va a consultar a sus yatiris, a quienes están versados en este campo. Entonces, reciben como respuesta las instrucciones para estar en paz con los elementos, con las deidades. Hay que invitarles las famosas huajtas (ofrendas). Se ha conservado mucho la festividad y la devoción hacia la Madre Tierra.

Se produce en agosto, en el Anata del tiempo de los carnavales y en el solsticio del 21 de junio, cuando empieza el calendario agrícola. Y luego, en septiembre, primavera, en el Coya Raymi, donde se festeja a todas las mujeres que están en edad fértil.

– ¿Y la fiesta de San Juan?

– Si bien es una festividad del mundo católico, se sincretiza con la memoria de los eclipses. Cuando había eclipse, en el mundo andino se producían las famosas quemas. Se realizaban fogatas hasta que el Sol vuelva a salir. Se consideraba que se estaba librando una lucha entre el Sol y otros dioses. Y para ayudar al dios Sol en su lucha, ellos realizaban las fogatas.

– Para entender todo esto, volvamos al inicio de los tiempos ¿Qué características principales tuvo la religiosidad andina?

– Hubo un proceso de evolución en los Andes y también en Mesoamérica. Las primeras culturas como la Huancarani o la Chiripa, se abren al politeísmo. Adoraban ante todo a la naturaleza. Los animales, las cosas bellas que los rodeaban y los astros hicieron que considerasen sagrado prácticamente a todo su entorno. Luego, llega un momento clave cuando Tiahuanaco llega a su etapa imperial que tiene muchas similitudes, si vamos hacia el hoy lado peruano, con la cultura huari. En Tiahuanaco, el politeísmo ya tiene una deidad central: el Sol, como máxima expresión de la religiosidad.

Según afirman varios hombres de ciencia, Tiahuanaco está hecho en base a un calendario solar o lunar. Entonces, vemos dos deidades, el Sol y la Luna, al margen de una variedad de figuras sagradas en el mundo andino. También allí se destacan las figuras del cóndor, el puma y la serpiente. A partir de ese proceso evolutivo se llega al imperio incaico con su eje en el Cusco. Allí, en el Tahuantinsuyo, se ve una hegemonía total de tres dioses: el Sol, la Luna y un tercero que es Pachacamac, el dios creador o alma de la tierra.        

Este imperio, a su vez, sometió a diversas naciones que tenían igualmente una gran serie de deidades a las que adoraban. Están ahí, por ejemplo y en especial, las pacarinas, o enlaces sagrados de los ríos, las montañas, los volcanes, etc. con sus orígenes superiores. Todo lo bello y majestuoso de la naturaleza era sagrado y dio pie al politeísmo.

– Entonces, la llegada del mensaje cristiano ¿fue un choque fuerte?

– Fue uno de los aspectos más frágiles del periodo de la conquista. Los occidentales sólo tenían un dios. Claro, se inició la lucha por tomar las riquezas y el territorio. Esa lucha implicaba la parte violenta de las armas, pero también el aspecto espiritual. Ahí se destaca esa anécdota que narran varios cronistas sobre Atahuallpa y su primer encuentro con los españoles, con Pizarro y compañía.

Atahuallpa les pregunta: “¿Quién es el dios de ustedes?”. Y el cura Valverde le muestra la Biblia. Entonces, Atahuallpa la ve, trata de escuchar algo, la revisa y no halla nada asombroso. Como los incas tenían por deidades a seres poderosamente palpables o visibles, como el Sol, entonces arroja la Biblia. Los indígenas vivían una versión del apóstol Tomás: “Ver para creer” o “ver para adorar”. Sus dioses eran más perceptibles que el dios cristiano. Cuando se desata la conquista, los curas lanzan la evangelización hacia seres a quienes de principio consideraban que no tenían alma.    

Entonces, salen a evangelizar los sacerdotes católicos, pero además el virrey Toledo lanza sus reformas. Éstas cambian la demografía porque antes los pobladores vivían en gran medida dispersos por el todo el territorio y Toledo busca crear núcleos. Quería así, con las llamadas revisitas, tener el control demográfico de la población indígena con el objetivo de cobrarles tributos. Paralelamente, las diferentes órdenes católicas van a disputarse grandes territorios de ese mundo indígena. En esos núcleos inducen a los indígenas a que construyan sus templos y a que se conviertan al catolicismo, pero encontraron resistencia muchas veces. 

– ¿Qué tan grande fue ese rechazo a aceptar el cambio de religión?

– Se produjo una lucha de dos tipos de religiones. Se produjo lo que se llama el taki onkoy (la enfermedad del canto). En el siglo XVI, los sacerdotes de la religión ancestral indígena llamaron a una generalizada desobediencia a la religión occidental y el retorno a la propia. Duró muchos años, llegó incluso a altos niveles de fanatismo. Se relatan casos de sacerdotes y feligresía que, al ver que la imposición española crecía y empezaban a ser derrotados, optaron por el suicidio. Se arrojaron desde altas montañas porque preferían morir antes que renunciar a sus dioses.

Eran sacerdotes que tenían diversas jerarquías y bastante formados. Ostentaban conocimientos teológicos, pero también de física, astronomía y otras áreas. Ellos, justamente, manejaban los calendarios solar y lunar. Gracias a esos conocimientos se tenía muy bien comprendido el calendario agrícola y la llegada de los equinoccios y solsticios.

Los sacerdotes se enfrentaron a los evangelizadores católicos que, por su parte, cometieron graves excesos. También es importante destacar la labor de algunos curas como Bartolomé de las Casas que, por el contrario, denunciaron esas violaciones y tuvieron otra actitud. 

– ¿Qué sobrevivió de aquella religiosidad indígena hasta nuestros días?

– La religiosidad occidental supo manipular la religiosidad indígena y se creó un sincretismo, algo parecido a una simbiosis. Por ejemplo, las huacas sagradas o lugares de culto indígena fueron primero saqueadas, pero luego, sobre esas bases, se construyeron las iglesias católicas. Esas iglesias fueron consagradas a un sinfín de santos católicos. Sin embargo, lo que se intentaba desarraigar a los indígenas de sus creencias, se transformó en una simbiosis.

Las huacas del mundo andino continuaron siendo sitios de adoración. Los casos de las iglesias de Copacabana o de San Francisco en La Paz son muy ilustrativos de ello. Los indígenas mantuvieron sus áreas de culto y defendieron así su propia religiosidad. También las fechas importantes, los momentos tradicionales de su religiosidad se transformaron en fiestas patronales de los santos católicos.

Pedro Callisaya Hinojosa:

 Se formó en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), es expresidente y actual miembro de la Asociación de Historiadores Indígenas-Apu Pachacamayu.

Es parte del equipo editor de la revista “Realidades de Nuestra Historia”, perteneciente a la carrera de Historia de la UMSA. Fue columnista del periódico La Prensa.

Participó en documentales televisivos relacionados a la recuperación de la historia andina. Es autor del libro “Levantamientos indígenas y educación indigenal” y coautor del libro “Entre el crepúsculo y la claridad del amanecer: los Urus”.

Realizó diversos trabajos de investigación, en especial sobre el caudillo Lawreano Machaca. Es además nieto del líder indígena Mariano Quispe de la población Ambaná.

Por Jesus

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