Los récords mundiales conseguidos en el estadio Olímpico de Tokio por la venezolana Yulimar Rojas en triple salto y por el noruego Karsten Warholm y la estadounidense Sydney McLaughlin en 400 m vallas, junto a la proliferación de marcas personales han reavivado el debate sobre el aporte decisivo de la tecnología.

A las denominadas «zapatillas voladoras», una nueva generación de calzado deportivo de suela gruesa que propulsa a los atletas hacia adelante con un efecto trampolín y reduce la agresividad del impacto, ha venido a sumarse la «pista mágica» de Tokio, fabricada por la empresa española Mondo, que abunda sobre las mismas ventajas.

La pista, instalada en noviembre de 2019 con el clásico color rojizo del tartán, cuenta, según reza el prospecto de la firma, con «gránulos tridimensionales de hule diseñados específicamente con un sistema de polímeros selectos que están integrados a la capa superior de Mondotracks Ws, que se agregan a un compuesto semivulcanizado».

El proceso de vulcanización, agrega la marca, «garantiza un enlace molecular entre los gránulos y el material aledaño, lo que crea una capa muy compacta», todo con el objetivo de «maximizar la velocidad de los deportistas y mejorar su rendimiento».

En lenguaje llano, la pista, según han comentado varios atletas tras competir en ella, produce un impulso hacia adelante y devuelve la energía gracias a su diseño que añade gránulos de goma a la superficie de 14 milímetros sobre una capa inferior con pequeñas bolsas de aire.

McLaughlin ratificó las bondades de la pista después de batir el récord del mundo: «Te empuja y te impulsa hacia adelante».

Retorno de energía y efecto trampolín. Traducir esas ventajas al cronómetro o a la medición en saltos horizontales resulta imposible a estas alturas de la competición. Sólo cuando acaben los Juegos se pondrá en marcha la máquina de análisis que intentará aportar datos y sacar conclusiones precisas.

Por el momento, lo más llamativo han sido los tres récords mundiales. Warholm se convirtió en el primer atleta que corre los 400 m vallas en menos de 46 segundos (45.94) y McLaughlin, al día siguiente, dejó su propio récord en 51.46.

Los subcampeones respectivos, Rai Benjamin y Dalilah Muhammad, también corrieron por debajo de los récords mundiales anteriores, y otras marcas se han sumado a debate. La jamaicana Elaine Thompson-Herah ha repetido en Tokio su doblete olímpico de Río: 10.61 en los 100 metros, 21.53 en 200. En ambos casos, segunda mejor marca de todos los tiempos, sólo por detrás de Florence Griffith.

Una ventaja de rendimiento, por mínima que sea, determina un gran impacto en pruebas de velocidad, en las que a veces sólo una milésima separa a dos atletas en la meta. A medida que aumenta la distancia los beneficios pueden llegar a medirse en segundos.

Cuando faltan cuatro días de competición atlética, los Juegos de Tokio están a un solo récord mundial de igualar la cosecha de Pekín 2008 y Londres 2012.

¿Qué parte tienen la pista mágica y las zapatillas voladoras en los grandes registros que arroja Tokio? En el debate ha intervenido el propio presidente de World Athletics, el exatleta británico Sebastian Coe, dos veces campeón olímpico de 1.500 metros.

Para Coe, «siempre habrá atletas con talento que corren más en pistas rápidas». «Todos sabemos que Warholm es muy rápido y probablemente corre un poco más en una pista rápida como esta», reiteró.

Las zapatillas superligeras de suela gruesa sobre placa rígida de carbono multiplican los beneficios de la pista porque caminan en la misma dirección: efecto propulsor, reducción del impacto y, en consecuencia, menor peligro de lesiones.

Los críticos hablan de «dopaje tecnológico» porque el nuevo calzado, creado por Nike y al que luego se han sumado todas las grandes marcas, regala segundos al atleta (y hasta minutos, si se trata de un maratón) y reduce el esfuerzo.

Los partidarios de la evolución consideran, por el contrario que la nueva generación de zapatillas forma parte del avance natural del atletismo, como sucedió con el cambio de las pistas de ceniza a las sintéticas, o la renovación de materiales en la fabricación de las pértigas.

Por Jesus

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