Con sólo tres camas de cuidados intensivos por cada 100.000 habitantes, el cuarto país más poblado del mundo ha seguido siendo superado por el coronavirus.

En el país con el mayor número de musulmanes del mundo, el final del Ramadán genera enormes movimientos de migración interna. Conocido como mudik, este regreso de los trabajadores a su región natal hace temer a los epidemiólogos lo peor: una explosión de casos de Covid-19. A pesar de la prohibición de viajar en vigor desde el 6 de mayo, el gobierno espera que 18 millones de indonesios sigan viajando.

Con música amenazante y videos grabados en los controles de carretera, la policía indonesia está recordando la prohibición de viajar en su cuenta de Instagram. Una mujer policía que da el alto a un automovilista recuerda las normas: «Necesita el permiso del Ministerio de Transporte para viajar, señor», dice en un video.

Algunos se fueron antes de la prohibición de viajar, otros tomaron carreteras secundarias o se subieron a camiones de carga. Esos millones de indonesios que lograron evitar a los 166.000 policías y militares apostados en las carreteras son ahora la pesadilla de los epidemiólogos.

“Esto se está convirtiendo en una bomba de relojería», afirma el Dr. Dicky Budiman, epidemiólogo de la Universidad de Griffith. Podría llegar a ser como la India: lo que ocurrió allí fue causado por agrupaciones religiosas. Y las nuevas variantes ya circulan por Indonesia: la india, la británica, la sudafricana…», apunta.

Ya en 2020, los pocos días festivos del final del Ramadán -a veces los únicos días libres para muchos trabajadores del sector informal- habían hecho que las curvas de contaminación enloquecieran: el número de nuevos casos diarios se había duplicado con creces en las dos semanas siguientes al Eid.

Muy pocas pruebas y camas de cuidados intensivos, muy poca vacunación

Un año después, Indonesia sigue estando lejos de controlar la circulación del virus y continúa teniendo un número extremadamente bajo de pruebas al día. Y con sólo tres camas de cuidados intensivos por cada 100.000 habitantes, el cuarto país más poblado del mundo ha seguido siendo superado por el coronavirus. A partir de diciembre de 2020, habrá que construir nuevos cementerios en Yakarta, ya que todos los existentes están saturados de muertos de Covid-19.

La tasa de vacunación sigue siendo muy baja, ya que sólo el 4% de los indonesios ha recibido su primera dosis, y se sabe que la población no tiene la costumbre de informar a las autoridades sanitarias cuando está enferma, recuerda el Dr. Dicky Budiman: «El 80% de los indonesios, cuando se enferma, se trata en casa”, explica.

Si todos los indicadores estaban ya en rojo, estos intensos movimientos de tráfico con motivo del Eid aniquilan una de las pocas ventajas que tenía Indonesia frente a Covid-19, señala finalmente el epidemiólogo: «Como somos un archipiélago, tenemos barreras naturales, las islas permiten confinamientos geográficos. Así que deberíamos utilizarlos, pero ahora es demasiado tarde, hemos perdido esta oportunidad”, asegura.

Una cifra del gobierno parece confirmar ya su advertencia: de 6.742 viajeros sometidos a pruebas aleatorias, el 61% dio positivo en el Covid-19, según reveló Airlangga Hartarto, el ministro encargado de la gestión de la pandemia.

Por Taxi Noticias

Diseñador y Administrador de Noticias en la Web

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