A través de un comunicado, la Cámara Nacional de Industrias Oleaginosas de Bolivia (Caniob) y la Cámara de Exportadores, Logística y Promoción de Inversiones de Santa Cruz (Cadex), a nombre de las empresas del sector, reiteraron su compromiso con la reactivación económica que necesita el país en esta difícil coyuntura, que ha generado desempleo y sus negativas consecuencias en los hogares bolivianos.

Esta reactivación no será posible si es que se siguen definiendo medidas que afectan a las industrias oleaginosas y distorsionen el mercado de esta vital cadena productiva boliviana.

Por eso resaltan:

Subvención al mercado interno

– Las industrias oleaginosas subvencionan el precio de la harina solvente de soya para los sectores avícola, porcicultor y lechero. No corresponde que un sector privado subvencione a otros sectores privados, porque se distorsiona toda la cadena productiva oleaginosa. Además, el precio fijado para la venta está muy por debajo del precio de exportación, lo cual perjudica económicamente a las industrias y crea un mercado negro de reventa y contrabando de este producto.

– La subvención de precios a que está obligada la industria no llega al consumidor final. El precio de la harina de soya bajó en el mercado interno y las carnes de pollo y cerdo no han reflejado ninguna baja en los precios en favor de la población.

– Mientras la industria oleaginosa esté obligada a subvencionar la harina solvente, la entrega debe continuar regida bajo el sistema de cupos obligatorios impuestos por la Resolución BiMinisterial 010/2020. Caso contrario, la industria quedaría sin la opción de exportar, cortando las divisas para el país.

– No es correcto que un sector privado subvencione a otro sector privado.

Cupos de exportación

– Para obtener el permiso que le permita exportar los excedentes de harina de soya y aceite, la industria oleaginosa, está obligada a cumplir con los cupos y precios establecidos por la normativa vigente para abastecer el mercado interno, el cual representa el 20 % de la producción.

– La industria oleaginosa que tiene vocación exportadora, siempre abasteció el mercado nacional y lo seguirá haciendo, pero necesita tener igualdad de condiciones para negociar precios y así mantener el equilibrio necesario en toda la cadena productiva.

Riesgos para la economía

– Si no se corrigen las desigualdades y distorsiones producidas por el sistema regulatorio vigente, alertamos que a corto plazo las industrias no podrán aguantar financieramente esta situación. Esto afectará al sector agrícola en la compraventa de granos, a los comercializadores de insumos para la provisión de productos en la siembra y cosecha, a los transportistas por la reducción de sus cargas, al Estado Nacional por la pérdida de divisas por exportaciones y al sistema financiero que deberá soportar el endeudamiento de todos los sectores de la cadena productiva oleaginosa.

Por eso entendemos las movilizaciones que algunos sectores de la cadena están protagonizando, solicitando la libertad de mercado y la liberación de cupos y bandas de precios.

– Si por estas distorsiones se rompe el eslabón de la industria, se rompe toda la cadena productiva de la soya y se pone en riesgo la estabilidad del complejo oleaginoso que ha protagonizado el crecimiento de Santa Cruz y Bolivia, y que ahora es clave para la reactivación de la economía.

Acciones

Es urgente y necesario que las autoridades gubernamentales, y en especial el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural y el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, tomen en cuenta los argumentos técnicos que le presentan y, en base a ellos, determinen medidas que restituyan el equilibrio en la cadena productiva oleaginosa y que permitan a las industrias seguir contribuyendo al país con empleos y divisas. 

Por Taxi Noticias

Diseñador y Administrador de Noticias en la Web

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